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jueves, 5 de mayo de 2022

EL CASTILLO DE MOECHE

 


Sin duda cuando llegas hasta la parroquia de San Xurxo en Moeche y ves el castillo que tienes ante ti, lo que más te va a llamar la atención es sin duda la ubicación del mismo. La mayoría de castillos que puedes encontrar, se localizan en lo alto del promontorio. En este caso encontramos el castillo en pleno valle, cercano a las viviendas que hay en la actualidad y que quizás hallan reemplazado a otras que estuvieran en el mismo lugar hace quinientos años. Lo cierto es que muy probablemente en los altos montes que rodean este castillo habría puestos de vigilancia que sustituirían sin duda las posiciones defensivas más alejadas. Convirtiendo así a la línea montañosa en la primera muralla defensiva de este castillo.

En el caso de este castillo en concreto existen varias posibles versiones acerca de su posesión. Si seguimos una serie de las fuentes históricas, esta afirma que García Rodríguez de Valcárcel recibe cierta concesión del propio rey Enrique II, otorgada y firmada por este en septiembre de 1371 en Zamora. De esta concesión se desprende el señorío de García Rodríguez sobre As Pontes (¿No sabias porque As Pontes era de García Rodríguez? Pues ahora ya lo sabes) así como también el de “las feligresías de Moeche y Santa Cruz”.

La vista que ofrece el castillo de Moeche es asi de espectacular.
Aun cuando no se encuentra en lo alto de la colina
lo cierto es que las vistas que ofrece la posición del 
castillo han hecho que superase mi vértigo para poder 
observar el paisaje por mi mismo sin que Carol se 
tuviera que subir en solitario a por la foto.

Este personaje, nuestro buen García Rodríguez, casariase con la hija del señor de Zamar, Inés Fernández de Zamar y del matrimonio de la quien sabe si feliz pareja nacerá Constanza Rodríguez de Valcárcel, quién compra a su madre Dª Inés “el coto de Moeche” en 1427 en beneficio de su marido, Pedro Álvarez Osorio, señor de Cabrera y Ribera, cuyo nieto, del mismo nombre, sufriría en sus carnes la hostilidad de la Primera Revuelta Irmandiña. Este Pedro Álvarez Osorio nieto no poseería en un primer momento la titularidad del señorío de Moeche, que se habría disgregado entre los herederos de su abuelo.

La familia Enríquez de Castro, heredera al mismo tiempo de los Valcárcel en sus dominios de Cedeira, se había convertido en la poseedora del señorío de Moeche. Sin embargo, el apoyo de Fadrique Enríquez de Castilla, cabeza de los Enríquez de Castro y duque de Arjona, al infante Enrique de Trastámara trajo consigo la sanción de Juan II y, con ello, la pérdida de la dignidad ducal de Fadrique, cuyos bienes fueron transferidos en gran medida a su hermana Beatriz Enríquez de Castro. Beatriz contraería nupcias con Pedro Álvarez Osorio, de modo que el castillo de Moeche pasaría de nuevo, a través de la vía marital, a su linaje. De esta manera, los Osorio serían los señores de Moeche en el momento en el que estalla la Segunda Revuelta Irmandiña.

Los “agravios” cometidos por el estamento señorial desde principios del siglo XV empezarían a generar un cierto malestar entre las clases populares, este malestar se hace acuciante a partir de la década de 1450. Pedro Álvarez Osorio se cuenta entre los más demandados de la época debido a la realización cada vez más común de “fechorías”, que tendrían por objetivo las clases populares, específicamente en el rural. Al igual que en la primera revuelta se dará la creación de “Irmandades” con el objetivo de hacer frente a los abusos nobiliarios. Esta vez se crearía, al mismo tiempo, una Hermandad General de Galicia que, en teoría coordinaría las acciones y que fue refrendada en su fundación por el rey Enrique IV.

Esta Hermandad General tomará el liderazgo político de la revuelta de manos de la élite burguesa, que no siempre controlaría a las clases populares del rural, más predispuestas a enfrentarse a la nobleza. Es así como la revuelta, que intenta ser delimitada mediante la entrega de las fortalezas de los señores que habían cometido agravios, se convirtió rápidamente en la destrucción de estas.

Posiblemente la fortaleza de Moeche fuera una de las primeras en ser destruida, en aquella primavera de 1467. Y es que la fama de nuestro amigo Pedro, el conde de Lemos vaya, lo convertía en uno de los nobles más odiados por el pueblo, por lo que la inmensa mayoría de sus fortalezas fueron derribadas. El control político que se le presupone a la “Irmandade Xeral” entre 1467 y 1469 terminó con la contraofensiva de los nobles que derrotaron a los irmandiños por su superioridad numérica y material, sin tener en cuenta los problemas internos en el bando de los irmandiños.

Los corredores del castillo, no es muy difícil cerrar los
ojos y sentir como la guardia pasea a través de ellos 
e imaginarse a nuestro amigo Nuño Freire de Andrade
dirigirse a comprobar si Teresita estaba bien.

Existen multitud de trabajos arqueológicos realizados sobre este castillo, trabajos que han arrojado a la luz piezas de origen medieval en su inmensa mayoría. Pero algo muy interesante que también han mostrado esos trabajos es que el actual castillo se encuentra levantado sobre los restos de otro anterior. Lo que nos lleva a pensar en el hecho de que el que tenemos ante nosotros en la actualidad es el que el bueno del primo de Nuño, y es que en el año 1468 este castillo sería reconstruido de nuevo por Pedro Álvarez de Osorio, Conde de Lemos, quien pediría a los que destruyeron el castillo anterior; más que pedir obligaría en realidad; física y económicamente que se pusieran a reconstruirlo y recuperarlo. Básicamente lo que hizo fue cobrarles el material y hacerles ponerlo a latigazos. Ya de camino, y aprovechando que tenía una buena cuadrilla de operarios, Pedro ampliaría ligeramente el castillo. Cosa muy natural, en aquella época y en esta.

El castillo que ha llegado a nuestros días es el fruto de esta alegre reconstrucción de la que hablábamos. Está situado sobre el emplazamiento del castillo anterior lo que, debido a las excavaciones antes mencionadas, nos permite diferenciar entre el castillo actual y el castillo derruido. La torre de homenaje, precedida por una plaza de armas, hace de entrada al propio castillo, y de ahí se da paso al propio patio, centro que da a todas las estancias de la fortaleza. Así, la torre de homenaje se encuentra unida a una muralla octogonal irregular, que hace de pared externa a la estancia de servidumbre, a la estancia de armas, al comedor y a las caballerizas, donde actualmente se encuentra el Centro de Interpretación del Castillo de Moeche. En la fachada principal de la torre todavía se conservan tres motivos heráldicos. Por un lado, en un lateral, el escudo del Duque de Arjona, y centrados en lo alto, los escudos de Pedro Álvarez de Osorio, y su esposa, Beatriz de Castro.

El personal asignado para que conozcáis el castillo
y que nos atendió de autentico lujo. Si no perdieron
la paciencia ni la sonrisa al machacarlos a preguntas
seguro que os atenderán incluso mejor que a nosotros.

La planta del castillo, como hemos dicho antes de la muralla, es octogonal, siendo rodeado por un profundo foso. Foso que estuvo siendo recuperado hacia el año 2009. Los materiales empleados son similares a las de otras fortalezas de las comarcas del norte de Galicia, formadas con muros de mampostería de pizarra y granito en sillería en sus esquinas

Estos muros se elevan unos 12 m. Lo más llamativo del recinto es la torre del homenaje, de planta cuadrada, que se levanta hasta los 18 m del suelo. Además de la torre, podremos ver la plaza de armas con su pozo de agua, la sala de armas, el comedor, los aposentos, las caballerizas y los alojamientos de la servidumbre. Una escalera de caracol une el patio con las murallas defensivas. Las puertas y ventanas nos muestras un estilo gótico por sus apuntados arcos.

El castillo de un modo u otro; llegando a ser cárcel de malhechores en el siglo XVI; acabaría llegando a poder de la casa poseedora de la gran mayoría de títulos antiguos: La casa de Alba. No la de Bernarda, sino la del duque de Alba que tan buen recuerdo dejaría en Flandes. En 1890, y habiendo llegado el castillo actual en muy buen estado de conservación, la casa de Alba quiso vender la piedra del mismo. Afortunadamente para el castillo y para nosotros, aquella operación se evito y el castillo ha conseguido llegar a nuestros días.


Nos vemos en el próximo paseo.

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martes, 18 de septiembre de 2018

UN PASEO POR LA REVUELTA IRMANDIÑA



El castillo de Moeche. Aqui residia Nuño Freire
Como diría algún escritor serio, con pinceladas de humorístico, tanto en su modo de ser como en el de escribir; Galicia está llena de gallegos. Esto puede parecer una tontería, pero en realidad no lo es tanto. La forma de ser de la gente que te rodea, que realmente podria parecer una tontería sin importancia alguna, tiene muchísima en realidad. Si te crías entre gente noble, cumplidora de su palabra y honrada; lo más probable es que tú seas noble, cumplidor de tu palabra y honrado. Siempre puede haber alguna excepción, pero lo habitual será que seas gallego si te crías entre gallegos.

Claros ejemplos de esto que expongo los tenemos en los emigrantes, cuyos hijos y nietos se consideran a sí mismos gallegos y con razón, puesto que los gallegos nacemos donde nos parece justo y conveniente. Como un claro ejemplo de esto, yo tengo siempre en mi recuerdo el caso de mi madre, que toda su vida cuando le preguntaban de donde era respondía que gallega y a la pregunta de ¿gallega de dónde? Siempre contestaba “Gallega de Las Palmas”.

Según Jordi Pujol; muy amigo de describir al resto de españoles en sus escritos; los gallegos estamos muy por encima étnicamente de la mayoría de pueblos de España; excepción de los catalanes, por supuesto. En su “escala étnica de España” (Ríete tú de las opiniones de un tal Alfred Rosenberg) a diferencia de los andaluces y extremeños entre otros, los gallegos somos humanos. Muy brutos y muy nobles, pero humanos.

Las aspilleras a traves de las que lanzaban los arqueros
Os preguntareis a que viene esto en este Blog y, la verdad es que yo también estoy sorprendido de escribir acerca de Pujol y de la valoración étnica que hace de los españoles. Pero esto viene a cuento para que nos situemos; principalmente aquellos que me leéis, pero que no sois gallegos; en el tipo de persona que suele ser un gallego. Siempre se nos ha clasificado como honrados, trabajadores cumplidores y, para que mentir, un poco de soltar dos guantazos que tumben a una vaca si nos enfadamos. Y esto claro, era así igualmente en el siglo XIV y, por eso hubo aquí, en Galicia, dos revueltas Irmandiñas.

La primera vez que se lio parda fue un poco; más bien un bastante; culpa del Conde de Andrade, Nuño Freire. Parece ser que el amigo gustaba de hacer las mismas cosas que hacia su tío abuelo y predecesor en el cargo, pero de un modo más a lo salvaje y mucho menos diplomático; lo cual era difícil de conseguir en realidad. Consiguió así que su tío abuelo fuera recordado como o Boo (El Bueno) quedándose para sí mismo el gran mérito de ser O Mao (El Malo)

En fin, la cosa podríamos decir que fue más o menos así: El simpático de Nuño Freire necesitaba ingresos, y como buen señor feudal de la época exprimía a sus vasallos. El problema es que; al igual que Gerion en la historia de Hércules; quizás los estaba exprimiendo un bastante demasiado.

El castillo de Nogueirosa tambien era propiedad Andrade
Sus vasallos plantaron a través de los diputados de cortes de los que disponían, quejas ante el rey Juan II que debía tener cosas más importantes que hacer porque no les contesto. Mientras tanto nuestro amigo Nuño seguía a sus cosas. Que si la mitad de tus cosechas, que si ve poniéndolas en el carro mientras violo a tus hijas, que si tu hijo me ha mirado mal mientras violaba a sus hermanas así que al cepo con el y me llevo la mitad de tu rebaño… lo normal para el día a día del señor conde.

Así las cosas, pues llego un momento en el que claro, los vasallos estaban ya un poco cansados de que Nuño les tratara así de bien (Les reconocía el derecho a existir y les permitía respirar gratis; ¿Qué más querrían?) así que organizaron la Hermandad Fusquenlla. La idea era organizar una suerte de “patrullas ciudadanas” para repeler con más o menos educación a las huestes del Conde. Viendo que estas patrullas eran más bien bandas que otra cosa, un hidalgo venido a menos en dineros al que su técnicamente igual Nuño había puteado bastante; y claro alguna cuentecilla que otra tendría con el; decidió adiestrarlos, armarlos, enardecerlos y convirtiéndose en su líder guiarlos hacia la victoria y la libertad. Este “Braveheart” gallego era un tal Roí Xordo.

Nuestro héroe que; por si alguno lo dudase; no es Nuño, consiguió reunir con sigilo y precaución una fuerza de tres mil hombres a los que adiestro lo suficiente como para no tener que basarse solo en la táctica de las matemáticas. Esto no le costó demasiado puesto que en aquellas épocas el campesinado podría haber sido movilizado para conformar parte de los ejércitos en algún momento de las guerras que o bien contra el moro o bien las guerras civiles de Castilla solían producirse. Bien sabemos todos del carácter cainita de todos los que nacemos en la península ibérica y de la afición que aun hoy en día mantenemos por conseguir más motivos para separarnos que para unirnos. Así que muchos de los campesinos que sirvieron a las órdenes de Roí bien podían haber sido soldados antes que campesinos o después de ser campesinos y antes de volver a ser campesinos.

El asalto no parece sencillo sin una buena planificación
Roí, que entre otras muchas cosas no era tonto, pensó sabiamente que, aunque tres mil hombres eran una fuerza imponente para aquella época, le convenía mas una guerra rápida; capturando a Nuño en un solo golpe maestro, que daría sobre el castillo de Moeche; lugar en el que residía Nuño con su familia, era casi seguro terminar la guerra en una sola noche.

Y así llego el día; más bien la noche; del asalto al castillo. Roí dirigiría con maestría el asalto sufriendo escasas bajas, pero bien por suerte o por un chivatazo, Nuño había salido corriendo hacia el sur. Roí había fallado su presa, pero no quiso desaprovechar el tirón que le daría a su causa la captura del castillo de Moeche, y viendo a la mañana que sus filas habían aumentado en número; decidió perseguir al de Andrade para ajustar tanto las cuentas de sus hombres, como las suyas propias con él.

El palomar no forma parte del Castillo de Moeche
De este modo y asaltando un castillo de Andrade por aquí, otro por allí; los castillos de Nogueirosa, Betanzos y Monforte están en la lista de asaltados; Roí consiguió llegar hasta Santiago persiguiendo a Nuño. Pero en la capital episcopal tropezó con las fuerzas combinadas del corregidor, el obispo y claro, las de Nuño. Perdido el factor sorpresa, así como la ventaja numérica y enfrentado a tres fuerzas de soldados permanentes Roí decide retirarse hacia el norte, a la seguridad de las fragas del Eume hacia donde es perseguido por sus enemigos. 

Informado Roí de que el de Andrade ha regresado con su famila al castillo desde el que domina la ría de Ares, decide intentar capturarlo nuevamente en esta fortificación. Pero en realidad, el de Andrade no había acudido al castillo con su familia sino con una pequeña fuerza de combate que había conseguido infiltrar y desplazar hasta allí. Se trataba pues de una trampa para embolsar al ejército de Roí en un punto en el que; teniendo una posición de ventaja (La Fortaleza de Nogueirosa) por un flanco y en el otro la fuerzas combinadas de los tres ejércitos perseguidores poder aniquilar a los irmandiños sin darles cuartel. 
El lado oeste del Castillo de Nogueirosa

Y allí, bajo las aspilleras del castillo de Nogueirosa, y cercados entre las fuerzas en el acantonadas y las que les cerraron la retirada desde atrás, cayeron sin rendirse casi diez mil Irmandiños, una tarde de septiembre de 1431.

Cuenta la leyenda que nuestro amigo Roí; que fue uno de los escasos supervivientes hechos prisioneros por Nuño tras esta batalla; sufrió por parte de Nuño, la amputación de la mano “Para que nunca más espada contra ningún señor alzar pudiere” y después fue arrojado a la misma mazmorra donde anteriormente falleciera Elvira. Allí estuvo por un periodo que, dependiendo de la fuente en la que busquemos, sería de entre treinta y noventa días. Y como Roi no se decidía a morirse, el bueno de Nuño; por ir adelantando trabajo más que nada; puesto que con la mano amputada a golpe de espada y las medidas higiénicas de la época lo normal era morirse o bien por desangramiento o bien por sepsis, decidió enterrarlo vivo.

Lo que son las cosas del Karma. Poco después de todos estos hechos, el amigo Nuño tuvo que enfrentarse al tribunal de Dios; ya que no llego a ver el año nuevo de 1432. Muriendo poco después de la Batalla del Eume y siendo enterrado en el monasterio de Santa María de Monfero. Quién sabe si nuestro buen amigo Roí no acudiría a declarar en su contra al tribunal donde Dios lo juzgase. De lo que yo estoy seguro es de que, en estos casi seiscientos años, Nuño ha debido de tener tiempo de amigarse; si tal cosa le fuese posible; con Pepe Botero allá en el infierno, donde debe estar con casi total seguridad.

No transcurrirían muchos años; treinta y seis para ser exactos; para que se produjera una segunda revuelta y en ella volviera a sonar un nombre que sin duda reconoceremos con solo oírlo.

Pero esto ya es otra historia, que os contare en otro paseo.


Nos vemos en el próximo paseo.

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No cuesta imaginar a Roi combatiendo al final del dia
                                   





PASEO NOCTURNO HASTA EL CASTILLO DE ANDRADE



Llega el final del verano y ya todo en las costas gallegas vuelve a la normalidad. Las playas se desmasifican; si en Galicia no solo llueve, de hecho, hasta hemos rozado los treinta y ocho grados fuera de Ourense; los restaurantes tienen algo menos de tiempo de espera, pueblos que han hasta multiplicado por diez su población vuelven a tener sus habitantes normales; a los de toda la vida que dirían los de siempre.

Para aquellos que andamos siempre conociendo sitios, fotografiando sitios y llevándoos de paseo a sitios es en parte una bendición; porque así nos evitamos el encontrarnos con nuestra amiga la psicótica de la playa de Ber y el tener que molestar a los miembros de la Guardia Civil, que están para cosas más serias que el que una loca no se tome adecuadamente sus pastillas.

Por otra parte, es una lástima, puesto que las fotografías de multitudes; como las de la Festa do Pulpo de Mugardos; son más difíciles de conseguir sin una multitud que fotografiar. Y aunque sí, es cierto, en Galicia cada día hay una fiesta, no siempre son las fiestas que uno quiere fotografiar, visitar o llevaros a conocer. Que no todo en Galicia es fiesta; hay sitios que tenemos que conocer y a veces pienso que no llega una vida para enseñároslos todos. Al menos no a ritmo de uno por semana. Si además incluimos más cosas que vemos y que hacemos… Hay mucha Galicia y muy poco tiempo.

Así que, en esta ocasión, vamos a salir de noche. Vamos a “asaltar” el castillo del señor de Andrade. Bueno, a asaltarlo asaltarlo no. Pero si que le vamos a hacer unas fotos nocturnas chulas, si se deja el castillo y al fantasma de Elvira no le importa, claro.

Aprovecharemos para hacer una salida nocturna y, si el cielo colabora y nos damos cierta maña, es posible que saquemos alguna imagen circumpolar. Ya veremos cómo se da la noche. Ya de paso hablaremos de los controles de vuestras cámaras; puesto que sin conocerlos adecuadamente; porque solo conocéis la posición de AUTO en vuestras cámaras; esta salida deberéis hacerla con algo más de luz. Tendréis que hacerla de día y, de día, pues las fotos nocturnas molan menos.

Los parámetros que nos interesa controlar son la ISO y la velocidad de obturación. Ambas van a sernos vitales a la hora de conseguir imagen chula o una especie de mancha dentro de una imagen negra. La ISO cuanto más baja mejor, pero en nocturno podéis estar seguros de que no va a servirnos la más baja que de la cámara, sea esta la que sea. Yo suelo oscilar en mi cámara; que ya sabemos que no es una cámara de elite; entre los 800 y 1600 de ISO dependiendo de la luz ambiente de la que podamos disponer.

En el caso de la velocidad de obturación depende siempre un poco de que sea lo que queramos obtener, si queremos efecto seda en el agua, nubes curiosas, o si queremos congelar el momento en un instante. Obvio que, a mayor tiempo de obturación más luminosas, más claras saldrán nuestras imágenes, pero si estamos disparando con una velocidad lenta contra un árbol y hay viento; el árbol tendrá fantasmas, saldrá borroso o ambas a la vez.

¿Dónde encontrar la configuración de estos dos parámetros? Bueno depende de cada cámara, así que yo os recomiendo encarecidamente que os leáis el manual de la cámara y si no lo tenéis o no sabéis donde lo habéis dejado, descargarlo de internet primero y leéroslo después. Para buscarlo en internet: tecleamos en San Google marca y modelo de nuestra cámara seguido de manual completo PDF. Os pondré un ejemplo; yo en mi caso teclearía en San Google lo siguiente: SONY Cybershot DSC100XV manual completo PDF.

Lógicamente damos intro y esperamos. Después de esto descargaremos el PDF y una vez hecho esto; leemos el manual de nuestra cámara, cogemos la cámara y salimos a disparar; que es lo nuestro.

Volvamos a lo que estábamos; el Castillo de los Andrade, el Castillo de Nogueirosa, El castillo a secas… nuestro destino tiene un montón de nombres por los que se le conoce, pero claro, no es obligatorio conocerlos todos está señalizado como Castillo de Andrade y en sus cercanías hay una casa rural en la que una tal Marta Sánchez grabaría hace algún tiempo uno de sus más famosos videoclips.

Partiremos como siempre desde el Polígono Industrial de Vilar de Colo; no vamos a cambiar nuestras tradiciones arraigadas desde estos meses atrás. Tomaremos dirección Pontedeume y seguiremos la carretera N-651 hasta Pontedeume. Una vez que lleguemos a Pontedeume, continuaremos en dirección Miño-Betanzos; también por la N-651 como hicimos la vez que subimos hasta Breamo, solo que en vez de desviarnos en el Barro, seguiremos  hasta llegar al final de Campolongo. ¿Cómo sabréis que habéis llegado al final de Campolongo? La ligera pendiente ascendente de la carretera cambiará y se volverá descendente, veréis un paso elevado sobre la carretera y un desvío que además hace las veces de cambio de sentido. También os ayudará la señalización que os dirigirá hacia Villarmayor, Monfero y por supuesto; el Castillo de Andrade. Una vez que habéis tomado el desvío, pasáis el puente y vamos a tomar la última carretera; la que encontrareis en una rotonda; la que pasa por delante de la planta de EINSA… después de coger una rotonda, la primera salida derecha, no pasáis a los diez segundos por delante de EINSA; os habéis equivocado de camino, dad la vuelta.

A partir de ahora debéis prestar atención, pues al ser de noche, el desvío hacia el castillo; que estará a vuestra izquierda; se os podría pasar de largo y, no os resultará fácil encontrar un lugar próximo para realizar un cambio de sentido con seguridad.

Bien, la carretera no es una carretera ancha y ojito porque tiene algún tráfico nocturno, así que como es de suponer que no conocéis estas carreteras; porque si las conocierais no estaríais leyendo esta parte; circulad con cuidado porque nunca se sabe si algun imitador de "Carlos Sainz" es posible que venga de frente a vosotros. El ultimo cruce; este sin duda es el más conflictivo de noche; puesto que la iluminación de la señalización no es adecuada; pero si me habéis hecho caso y habéis avanzado con cuidado y precaución, debería seros sencillo ver al menos el indicador de la casa rural. El castillo está en la misma carretera, al final de la misma. No tiene mucha perdida.

Pasemos a la parte histórica del castillo. Está emplazado sobre la Pena Leboreria; a unos 310 metros de altitud. Desde esta posición estratégica los señores de Andrade podían controlar; y de hecho lo hacían; la práctica totalidad de la comarca del Eume y las Fragas; la ría de Ares y el arenal de Cabañas. Para unos nobles de la época; que lindaban con las posesiones del potente monasterio de San Juan de Caaveiro, tampoco eran pocos dominios.

El que vemos, no es la primera fortificación que se levantó en este punto. Se han encontrado restos de una fortificación del siglo XII en el lugar; así que como podéis ver el lugar ya era estratégico desde antes de que se pudiera llegar a la playa en coche en diez minutos.

La fortaleza como tal se comenzaría a construir en el siglo XIV, en 1369, por orden de Fernán Pérez, O Boo (El Bueno) y aunque los terrenos pertenecían al monasterio de Sobrado, que no estaban muy de acuerdo con que les plantasen aquella fortaleza en sus tierras así como así; al final se dejaron convencer gracias a la amistad del amigo Fernán Pérez con Juan I de Castilla, a algunas "presiones" de hombres con espadas y a diez mil maravedís mensuales y así Fernán pudo terminar su placita defensiva en el año 1377.

El castillo tuvo una gran importancia durante los hechos de la Irmandade Fusquenlla en el 1431 y en la gran guerra Irmandiña en la que fue arrasado por los irmandiños al principio de la guerra y reconstruido después de la misma. Tres siglos después de estos hechos; de los que hablaremos con detalle más adelante; el castillo pasaría a manos del Conde de Lemos y posteriormente se haría cargo de el la casa de Lerma.

A mediados del siglo XIX un arquitecto; de conocido apellido entre los eumeses; lo restauro profundamente por orden del titular del castillo en ese momento, el Duque de Alba. El arquitecto, se apellidaba Tenreiro.

Estamos ante el primer monumento de toda la provincia de A Coruña que fue declarado Monumento Nacional en el año 1924. Un decreto lo protegió en el año 1949 y en el año 1985 fue protegido por patrimonio Histórico. Finalmente, en el año 1994 se declaró bien de interés cultural dentro del catálogo de monumentos del patrimonio histórico de España.

Y como no podría ser menos, cuando paseamos hasta algún lugar como este, sobre el que pesan bastantes leyendas, os dejo con una de ellas; la leyenda de Elvira.


LA LEYENDA DE ELVIRA


Corría el año 1389 y el alcaide del castillo era un tal, Pero López; hombre fuerte, brusco y tosco que estaba enamorado de Elvira, dama de la Señora de Andrade, pero la hermosa joven no le correspondía. Esto se debía principalmente a que ella estaba enamorada de Nuño, mano derecha de Fernán Pérez o Boo, el Conde de Andrade. Nuño aparte de ser la mano derecha del Conde, era su hijo bastardo, que siendo además el único varón que había engendrado; pues de su esposa tenia dos hijas; estaba destinado a acceder al titulo a la muerte del conde.

El alcaide del castillo no podía aguantar ni soportar que Nuño fuera el favorito de Elvira y del Conde y odiaba al joven con todas sus fuerzas y algunas más. Cada día pensaba en los modos de deshacerse del chaval; pero aparte de hacerle alguna perrería no demasiado llamativa, la cosa no pasaba de ahí.

Una tarde lluviosa tuvo López que acudir a Pontedeume para gestionar unos asuntos en el Pazo de los Andrade y, allí encontró a Nuño y Elvira que se hacían carantoñas y sonreían, al verle ambos le dedicaron sendas miradas de desprecio. El alcaide celoso y cegado por la ira, les maldijo jurándoles odio eterno.

El malvado López recurrió a Zaib, un esclavo negro y mudo que obedecía en todo al alcaide cual perro fiel. Pero López ordenó al esclavo que sedara y secuestrase a los dos jóvenes, y éste acató el mandato sin importarle cuales fueran los motivos de su amo.

Zaib consiguió drogar a sus víctimas y trasladarlos a una estancia subterránea del castillo, a la que se accedía bajando por unas escaleras poco iluminadas, viejas y muy empinadas. Una vez allí les amordazó y les sujeto con cadenas a los fríos y gruesos muros de piedra, de manera que quedasen uno enfrente del otro.

Pasaron los días y los dos enamorados tuvieron que soportar el verse sin poder tocarse, sin poder comer o beber, ni gritar para pedir auxilio en aquella estancia diminuta, oscura y húmeda.

Pasaron muchos meses hasta que, Pero López en una reyerta se llevó unas malas heridas y el señor de Andrade acudió a visitarle en su lecho de muerte. El alcaide que estaba aterrado por su inminente muerte y tenía un gran remordimiento de conciencia le confesó al conde lo que había sucedido, por su culpa, con Nuño y Elvira.

 "Señor, os pido perdón. Fui yo quien, por envidia y enojado por el desprecio de Elvira, encerré en el subterráneo de la torre a la doncella y a Nuño. No era mi intención acabar con sus vidas, sino vengar mi corazón roto causándoles un profundo sufrimiento. El esclavo negro les llevaba de comer de vez en cuando, hasta que un día Nuño logró liberarse de las cadenas y atizó con el hierro a Zaib, le dejo malherido. Mi esclavo se arrastró hasta llegar a la puerta y, aunque cayó muerto a la entrada del calabozo, tuvo tiempo de cerrar el muro impidiendo la salida de los jóvenes. Al cabo de las horas, cuando le eché de menos, bajé al subterráneo y encontré al esclavo muerto, con la cabeza destrozada y ensangrentada... ¡Cogí miedo, Señor!, comprendí lo que había sucedido y no me atreví a descorrer el muro nunca más, ¡y los infelices murieron de hambre!"

Tras oír la confesión del alcaide, Fernán Pérez decidió acortar el sufrimiento del alcaide y lo apuñalo con lágrimas en los ojos. Tras esto descendió hasta la estancia y encontró a los dos amantes muertos unidos en un abrazo. Tras este descubrimiento, el Conde; apesadumbrado por la muerte de su hijo varón; saldría escasas veces del castillo hasta que le encontró la muerte un 21 de agosto de 1397.

Desde entonces se dice que la joven Elvira permanece en el castillo, ante el que cuando la gente pasa se suelen santiguar y decir "que deus teña na gloria ós que morreron no castelo da fame" (que dios tenga en la gloria a los que murieron en el castillo del hambre).


Nos vemos en el próximo paseo.

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